Brasil es el gran Campeón de todos los
tiempos. Brasil y su sociedad son alegría, fiesta, samba… y fútbol, el
fútbol como síntesis de un país, allí donde el fútbol y la vida van de
la mano, el equipo juega de la misma manera, por y para el juego, sin
miedo, quizás sin esa pequeña dosis de miedo necesaria a veces,
especialmente en la defensa, más preocupada en divertirse que en
despejar.
La Selección Alemana es ordenada, una
maquinita perfecta, donde cada uno interpreta su papel sin el más mínimo
error. Aquí nadie sobresale, de esta sociedad no se puede esperar ni un
Maradona ni un Pelé, ni un Messi ni un Ronaldo, pero sí varios
Beckenbauer, Matthäus, Schweinsteiger que, todos juntos, funcionan como
uno de los equipos de fútbol más poderosos.
Italia en sí es una mezcla, el orden del
Norte y la viveza del Sur. Argentina también, una mezcla, donde todo es
posible, la defensa más comprometida y el genio más brillante. Holanda
es Alemania pero con las tuercas más desajustadas. Uruguay es Argentina
con más garra y menos imaginación. Cada país, cada nación, lleva su
identidad al campo de juego, y no hay más que ver uno, dos partidos, de
cualquier época, en cualquier cancha, con cualquier color, para
distinguir quién es quién y de dónde viene.
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